Refugio boutique entre viñedos, cordillera y silencio. Santa Cruz, en el corazón de Colchagua.
Reservar estadía →San Pedro de Callihue, Ruta I-72. Un camino que sale de Santa Cruz y se interna entre los cerros bajos del valle. Al final, un lodge.
Diseñado para quien busca silencio largo, atardeceres con vista al cordón andino, y la cercanía con las viñas más reconocidas de Colchagua.
Pocas suites. Muchos detalles. El tiempo que el valle pide.
Habitaciones amplias con vista directa a viñedos y cordillera. Terrazas privadas, acabados nobles, ropa de cama de oficio. Cada suite, su carácter.
Suite con orientación oriente. Despertar con la luz directa sobre el cordón andino. King size + chimenea a leña.
↗Vista sobre las parras. Atardecer rojo profundo. Bañera independiente y terraza con copa al ocaso.
↗La suite más íntima, rodeada de robles centenarios. Ducha exterior, lectura junto al ventanal.
↗Suite mayor con dos dormitorios y living propio. Para familias que viajan juntas pero respetan el silencio del otro.
↗La suite emblema. Doble altura, vista 270°, escritorio para quien viene a trabajar mirando el valle.
↗Suite con tina exterior bajo las estrellas. Solo para dos, sin distracciones, con champagne y ritual de bienvenida.
↗Curaduría de visitas a viñas, cabalgatas, cocina de territorio y rituales propios del lodge. Coordinamos según el huésped, no según el calendario.
Visitas privadas a Viña Santa Cruz, Viu Manent y Casa Silva. Maridajes con producto local.
Salidas matinales por senderos del fundo. Caballos amansados, guía local, copita de retorno.
Cena privada con cocinero y vinos del valle. Producto del campo a la mesa, sin intermediarios.
Piscina rodeada de palmeras y jardín. Camas balinesas, copa de vino blanco, libro y siesta.
Sendero corto al mirador del fundo. Hora dorada con tabla de quesos, embutidos y cosecha tardía.
Lolol, Pichilemu, Santa Cruz. Coordinamos chofer privado para recorrer la zona sin apuro.
Cada estación tiene su luz. Cada habitación, su detalle. Cada mesa, su producto. Un recorrido visual por el lodge antes de habitarlo.
Las palmeras del jardín filtran la última luz del día. La piscina queda quieta, espejo. Hora de copa, libro, conversación lenta.
Fragmentos de lo que dejaron escrito quienes pasaron por el lodge. Los nombres son reales, las palabras también.
Tres días que se sintieron como una semana. La suite Apalta con vista al cordón es de las mejores que conocemos en Chile.
Atención personalizada, desayuno espectacular, y la hospitalidad de los anfitriones convierten esto en un lugar al que se vuelve.
Vinimos por las viñas y nos terminamos quedando dos noches más por el lodge. Volveremos pronto, esta vez sin apuro.